SESIONES ÍNTIMAS

Un viaje de conexión con los sentidos.

 

Una experiencia bañada de belleza, y erotismo.

A través de la escucha, el silencio y la expresión del movimiento.

 

Te brindo un espacio seguro, donde activar la mujer que eres, lo divino en ti haciéndose cuerpo.

 

Honrarnos, sentirnos, mimarnos, como puente para conectar con tus dones, con la belleza de ser humana.

TESTIMONIOS

Noelia

Cristina

Tuve dos sesiones con Vivian. La primera fué en un momento en el que me sentía un bicho raro en mi entorno, apenas podía habitarme, no me miraba al espejo, sentía asco y rechazo de mi cuerpo hasta querer salirme de él. Sentía que no era suficiente, que lo que estaba encarnando no era suficiente para vivir. Me sentía muerta en mi cuerpo. Lejos de mi ser y lejos de todos para que nadie me mirara. Llevaba meses sin estar con otros. No sostenía la mirada de otros sobre mí. Con mi corazón cerrado, pero reclamándome desesperadamente abrirse, tocar y ser tocado. Maltratándome hasta el desafío con mi propia muerte. La elegí porque el efecto de su presencia ya había impactado en mí en algunos encuentros en los que coincidimos, sin hablar con ella, no hizo falta. Sabía que era con ella. Su presencia era luz. Su mirada desprendía luz. Necesitaba poder ser, en presencia de un ser que hablara ese idioma. En esa primera sesión pude abrirme, y experimentar esa limitación a habitarme, en presencia de una mirada limpia. Me sirvió para no sentirme tan oscura, tan sucia, tan errada. Para al menos saber que estaba equivocándome en lo que estaba viendo, para abrirme y poder mirarme desde otros lugares, con más respeto. Para sentirme acompañada por otro extraterrestre. 

Después de la sesión los ataques de rechazo fueron disminuyendo en frecuencia y en violencia, y cuando los tenía, recordar su mirada me acompañaba y mi propia carne me recordaba que estaba equivocándome en lo que juzgaba e interpretaba, y aunque no pudiera ver mucho más allá, me recordaba mi propia confusión.

 

Al poco tiempo me animé a tener otra sesión para abrirme, con la presencia de su mirada, a sentir la caricia de la tierra y el agua en mi cuerpo. Para acompañarme sabiéndome acompañada. Fue un acto sagrado para mí. En su presencia pude estar presente en ese acto, de valentía, por la gran dificultad que sentía a disfrutar (de dar fruto) en intimidad pero mucho más en presencia de otro. Fue un regalo para mí poder hacerlo. Con ella fue rodado, su movimiento se ajustó perfectamente a mi frecuencia, me permitió estar sin más. 

 

Y encima deja un legado minucioso y preciso, y precioso, de cómo se suceden esas aperturas, de cómo el cuerpo se abre y siente y se desprende. Ella es un regalo para nuestra especie.